Deflagración en Camisea y crisis en Oriente Medio golpean el abastecimiento de gas en Perú”

Una deflagración en el ducto de Camisea, operado por Transportadora de Gas del Perú (TGP), ha coincidido con la escalada bélica en Oriente Medio, generando un escenario crítico para el abastecimiento energético nacional. La combinación de un problema interno en la infraestructura gasífera y un conflicto internacional que presiona los precios del crudo ha configurado lo que expertos describen como una verdadera “tormenta perfecta” para el Perú.

Felipe Cantuarias, presidente de la Sociedad Peruana de Hidrocarburos (SPH), advierte que el impacto es doble: por un lado, la restricción del suministro de gas natural debido a la deflagración; por otro, el alza sostenida del precio del petróleo, combustible que se utiliza como sustituto temporal cuando el gas escasea. En este contexto, el sistema energético nacional enfrenta tensiones tanto en la oferta local como en el mercado internacional.

El Ministerio de Energía y Minas estima que la restricción del suministro podría prolongarse por aproximadamente 14 días. Durante ese periodo, industrias, centrales térmicas y estaciones de servicio deberán operar con limitaciones o recurrir a combustibles alternativos. El gas natural es un insumo clave para la generación eléctrica y para numerosos procesos industriales, por lo que cualquier interrupción tiene efectos inmediatos en costos y productividad.

Ante esta situación, la Sociedad Nacional de Industrias (SNI) solicitó al Ejecutivo la emisión de un decreto de urgencia que permita flexibilizar temporalmente el uso de otras fuentes energéticas, como diésel y gas licuado de petróleo (GLP). La medida busca evitar paralizaciones productivas y garantizar la continuidad del suministro eléctrico, aunque supone un mayor costo operativo debido a los precios internacionales.

Precio del petróleo en alza y riesgos internacionales

El conflicto en el Golfo Pérsico ha llevado el precio del barril Brent hasta los 82 dólares, reflejando la creciente incertidumbre geopolítica. Analistas internacionales, como el banco de inversión JP Morgan, proyectan que el crudo podría escalar incluso hasta los 120 dólares si la tensión regional se prolonga o se agrava. El factor determinante será la duración del conflicto y, especialmente, la situación del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial.

El internacionalista Farid Kahatt sostiene que un cierre prolongado del estrecho tendría efectos inmediatos en los mercados globales, elevando los costos de transporte y reduciendo la oferta disponible. La percepción de riesgo ya se refleja en los contratos futuros del crudo, donde los inversionistas incorporan la posibilidad de interrupciones logísticas.

Por su parte, Gonzalo Tamayo, socio de Macroconsult y exministro de Energía y Minas, considera que el petróleo podría continuar al alza si el conflicto supera las dos o tres semanas. Sin embargo, descarta que el precio alcance niveles extremos de 120 dólares en el corto plazo, salvo que se produzca una escalada militar de mayor envergadura.

Impacto directo en el Perú

El encarecimiento internacional de los combustibles golpea con fuerza a una economía como la peruana, altamente dependiente de las importaciones energéticas. Aproximadamente el 75% del diésel y la gasolina que se consume en el país proviene del exterior, así como cerca del 30% del GLP. Esta estructura implica que cualquier variación en el precio internacional se traslada rápidamente al mercado interno mediante la llamada paridad de importación.

La deflagración en Camisea agrava el panorama al interrumpir también el suministro de líquidos de gas natural (LGN), insumo del cual se extrae el GLP. Esto obliga a incrementar las compras externas en un momento de precios elevados, presionando tanto a empresas como a consumidores. El riesgo es que los costos se trasladen a bienes y servicios, alimentando presiones inflacionarias.

El exviceministro de Hidrocarburos Eduardo Guevara subraya que la duración del conflicto será determinante para la estabilidad de los precios domésticos. Si la crisis internacional se resuelve en pocas semanas, el impacto podría ser manejable. Pero si se prolonga, la economía peruana enfrentará mayores costos energéticos, posibles ajustes tarifarios y tensiones fiscales en caso de que el Estado busque amortiguar el golpe mediante subsidios.

Duración del conflicto y perspectivas

Kahatt añade que la capacidad de Irán para sostener ataques con misiles influirá en la extensión de la guerra. Según declaraciones del expresidente estadounidense Donald Trump, el conflicto podría durar entre cuatro y seis semanas, aunque Irán tendría incentivos para prolongarlo y presionar a Estados Unidos y sus aliados.

Mientras la incertidumbre persista, los precios del petróleo y sus derivados seguirán bajo presión. Para el Perú, el desafío será gestionar simultáneamente la emergencia interna en Camisea y la volatilidad externa del mercado energético. La coordinación entre el sector público y privado será clave para garantizar el abastecimiento, evitar interrupciones mayores y mitigar el impacto en la economía y en los hogares.

En suma, la conjunción de un evento técnico local y una crisis geopolítica global ha expuesto la vulnerabilidad energética del país. La “tormenta perfecta” descrita por el sector hidrocarburos no solo pone a prueba la infraestructura nacional, sino también la capacidad de respuesta del Estado ante choques externos cada vez más frecuentes en un mundo interconectado y volátil.