El fortalecimiento de la seguridad energética global: avances y desafíos según la IEA

La última actualización del Global Energy Policies Hub de la Agencia Internacional de Energía (IEA), publicada el 10 de julio, ofrece una visión clara del progreso en materia de seguridad energética a nivel mundial. En total, se han registrado 5,000 políticas en 84 jurisdicciones, lo que refleja un compromiso creciente por parte de los gobiernos para enfrentar crisis energéticas, asegurar suministros y diversificar fuentes de energía en un contexto geopolítico cada vez más incierto.


Reservas estratégicas de petróleo: una cobertura casi total

Uno de los datos más reveladores del informe es que actualmente el 98 % de las importaciones netas de petróleo están respaldadas por obligaciones de almacenamiento estratégico, frente a apenas un 1 % en 1973. Hoy, 61 jurisdicciones exigen reservas equivalentes a 90 días de importaciones, umbral establecido por la IEA en 1974 tras la primera crisis del petróleo.

Desde 1991, en respuesta a sucesivas crisis como la Guerra del Golfo y la invasión rusa a Ucrania en 2022, al menos 40 países han adoptado o endurecido sus normativas de almacenamiento. Estas nuevas adhesiones han aportado protección a aproximadamente 2 millones de barriles diarios adicionales en la última década. Las liberaciones coordinadas de petróleo en 2022 fueron repuestas en tan solo 16 meses, demostrando la flexibilidad del sistema.

Sin embargo, la IEA advierte que persisten desigualdades en la vigilancia y control de estas reservas, especialmente en economías emergentes, donde los sistemas de auditoría y registro aún son limitados.


Gas natural: una respuesta acelerada

La dinámica es similar en el ámbito del gas natural. En 2021, solo el 11 % de los flujos mundiales estaban cubiertos por almacenamiento estratégico. Para este año, la cifra ha ascendido al 32 %, impulsada principalmente por el objetivo europeo de llenar sus cavernas subterráneas al 90 % para cada noviembre, y por el marco japonés de Strategic Buffer LNG.

Fuera del ámbito de la OCDE, solo economías como Chinese Taipei, Tailandia, Sudáfrica y Ucrania cuentan con exigencias formales de almacenamiento. Esto deja al 98 % de la demanda de gas en economías emergentes sin una red de protección ante eventuales interrupciones. Aun así, más de 40 países importadores han implementado marcos legales que permiten reducir el consumo en periodos de crisis, tendencia que se expande en Asia del Sur y los Balcanes.


Diversificación energética, minerales críticos y eficiencia

El enfoque gubernamental ha evolucionado más allá de los combustibles fósiles. Actualmente, 130 países aplican normas de eficiencia energética, y más de 100 fomentan activamente la generación de energías renovables. Estas medidas buscan reducir la dependencia del petróleo y el gas, al tiempo que fortalecen la seguridad energética a largo plazo.

La IEA también monitorea más de 600 políticas centradas en los minerales críticos —como el litio, el cobalto y las tierras raras— esenciales para la fabricación de baterías y motores eléctricos. Estas políticas buscan atraer inversión, eliminar barreras comerciales y promover el reciclaje. Iniciativas destacadas de la Unión Europea y Japón revelan un esfuerzo sistemático por descentralizar las cadenas de valor, actualmente dominadas por pocos países.


Ciberseguridad: la nueva frontera energética

En un mundo cada vez más digitalizado, la ciberseguridad se ha convertido en un frente clave para la infraestructura energética. Un total de 71 países ya imponen requisitos mínimos de protección cibernética para sus sistemas energéticos. Sin embargo, el reto es monumental: en 2024, las empresas del sector enfrentaron un promedio de 1,500 intentos de ciberataque por semana, tres veces más que en 2020.

La IEA recomienda la implementación de sistemas de inteligencia artificial capaces de detectar y neutralizar amenazas en tiempo real. Además, ante la creciente incidencia de desastres naturales —intensificada por el cambio climático—, 55 gobiernos han establecido fondos de emergencia para cubrir los daños sufridos por sus infraestructuras energéticas.


El informe de la IEA refleja un cambio estructural en la forma en que los gobiernos gestionan sus políticas energéticas. Desde el fortalecimiento de las reservas estratégicas hasta la diversificación de fuentes y la digitalización segura del sector, el mundo se prepara para enfrentar una nueva era de desafíos energéticos.

No obstante, las brechas entre países desarrollados y emergentes siguen siendo significativas. Reforzar la cooperación internacional, estandarizar normativas y asegurar financiamiento para economías más vulnerables serán claves para garantizar una transición energética justa y sostenible para todos.